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¿Por qué el cerebro prefiere vídeo vs. texto?

El vídeo se ha impuesto sobre todos los demás formatos de transmisión de la información, relegando la lectura en muchos ámbitos en los que parece increíble que lo haya hecho. Y en el mundo del marketing, la cosa ha sido explosiva.

El cerebro prefiere vídeo vs. texto. Cada día, se consume más contenido audiovisual, eso lo tenemos claro. Las pantallas sustituyeron a las páginas –incluso a los escenarios de teatro– y ya no hubo vuelta atrás. Es cierto que cada formato tiene sus ventajas, pero el cambio de tendencia no es casual y que se imponga uno sobre otro tiene también una causa científica.

Pero es que no es solo que se haya impuesto en el día a día, si no que en márketing, es el rey. Y fíjate en estos datos para ver hasta qué punto lo es y se prefiere vídeo vs. texto.

Vídeo vs. texto, para los amantes de los datos

  • El 55% de la población consume vídeos online diariamente.
  • Se retiene el 95% de un mensaje visto en vídeo. Una auténtica pasada, en relación al escaso 10% de retención del mismo mensaje recibido por escrito.
  • Las empresas publican en torno a 20 vídeos al mes. ¡Al mes! Eso son 5 vídeos por semana.
  • El 52% de los profesionales de marketing sitúan el vídeo como el contenido con mejor ROI.

Está claro que este formato enamora, transmite y es tremendamente rentable. Pero, ¿por qué es así? ¿Qué tienen las secuencias de fotogramas acompañadas de sonido que tanto nos conmueven y emocionan.

Si el vídeo se hubiese inventado antes que la escritura, tal vez esta no hubiese tenido tanta importancia.

¿Por qué el cerebro prefiere vídeo vs. texto?

Existen 3 razones fundamentales para que esto sea así, y todas tienen que ver con la ley más sagrada para los organismos vivos: la Ley del Mínimo Esfuerzo (LME). Se trata de realizar todas las funciones vitales (nutrición, relación y reproducción) optimizando al máximo los recursos disponibles. Y es aplicable a todo lo demás.

1. El vídeo es pasivo

Leer implica más concentración y tiempo que ver un vídeo. Si incluso en el mundo del ocio hemos trasladado la fuente de entretenimiento al contenido audiovisual, al que accedemos únicamente con darle al play, tanto más en cualquier otro ámbito, como puede ser el del márketing.

Te interesa que el cliente se interese por tu empresa y tus productos, mejor dárselo en el formato más sencillo. Si le pides que lea extensos artículos: no te engañes, no lo hará.

2. La información se obtiene en menos tiempo

Siguiendo con la LME y teniendo en cuenta el mundo tan ajetreado en que vivimos, no es una sorpresa que optimizar los tiempos sea una de las principales inquietudes personales y profesionales.

Buscamos hacer todo bien, pero si además es bien y rápido mejor. Y de la misma manera en la que preferimos ver la serie a leer la novela en la que se basa, así igual con todo.

Si en dos horas puedes disfrutar de la historia, ¿para qué pasar semanas con ese libro que además me exige mucha más concentración? Si en dos minutos te enteras de qué va tal o cual producto, ¿para qué leer un artículo sobre el mismo?

3. No estamos hechos para leer

Aunque la escritura –y la lectura– hayan supuesto probablemente el mayor avance de nuestra especie, lo cierto es que, pese a ser una estupenda forma de trasmitir la información, no es la mejor. La mejor es el vídeo.

Y esto es así porque el vídeo es mucho más similar a nuestro entorno, está compuesto de imagen y sonido, elementos para los que está diseñado nuestro cerebro en primera instancia. En vídeo ves, oyes y sientes con casi tanta facilidad como si estuvieses delante, o viviendo los eventos grabados. Por supuesto, con la lectura se pueden obtener sensaciones parecidas, pero no con tanta facilidad y nitidez.

Si el vídeo se hubiese inventado antes que la escritura, tal vez esta no hubiese tenido tanta importancia.

En conclusión, el cerebro prefiere vídeo porque es la forma más óptima de adquirir la información. Le llega de forma más fácil, más rápida y en su «idioma natal». Por eso el vídeo márketing –bien planificado– se impone sobre los demás, y por eso preferimos ver la película antes que leer el libro.

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